Primera intervenció del diputat
Pau Alsina, teixidor de vels,
a les Corts Constituents.
Madrid, 27 de juny de 1869

Señores Diputados: no pensaba de ninguna manera tornar la palabra en esta cuestión ni en ninguna; solo lo hago para una alusión personal. Y digo que no pensaba hablar, porque ningún compromiso he contraído con mis electores para tomar parte en ninguna discusión en este ni en otro sentido.
Dicho esto y antes de continuar, debo pedir lo que piden la mayor parte de los que por primera vez se levantan aquí a dirigir la palabra al Congreso, que es indulgencia a los Sres. Diputados, benevolencia al Sr. Presidente. Pues si esto lo pide la inmensa mayoría de los que han estudiado en las universidades, y no pueden menos de obtenerlo, ¿con cuánta mayor necesidad no he de pedirlo yo que desde la edad de 11 años hasta tres días antes de salir de Barcelona para venir a sentarme en estos bancos he pasado diez o doce horas diarias en el telar? Cuento, pues, con vuestra indulgencia. Pero se me ocurre que los Sres. Diputados dirán entre sí: ¿pues qué interés han tenido los obreros de Barcelona al enviar aquí uno de su clase que los represente, si éste no comprende la cuestión de protección al trabajo que tanto llama la atención de los obreros catalanes de muchos años a esta parte, y que en mi concepto llamará también la de los obreros españoles de hoy en adelante? Debo, pues, decir porque he venido a representar a los obreros catalanes. Mi representación la debo, no a mi inteligencia, porque no la tengo, sino a mi honradez y a mi consecuencia política. Yo represento, pues, aquí a los obreros en su consecuencia política y en su honradez.
Si antes de la revolución de Setiembre no habíamos podido demostrar los obreros españoles que éramos dignos de todas las libertades (y principalmente de que se proteja nuestro trabajo; porque para los obreros esta es la primera de las libertades vivir del fruto de su trabajo, o así al menos lo comprendemos), los Sres. Diputados saben que eso lo hemos demostrado después de la revolución, que somos dignos de esa libertad y de representar al municipio, a la provincia y al país; y esto que lo estamos demostrando aquí, lo hemos demostrado antes en la Diputación provincial de Barcelona cuando tuve la honra de ser nombrado, con otros compañeros, vocal de la misma, por la Junta revolucionaria. Como en provincias se forma de Madrid una opinión diferente de la que debe formarse, he tenido ocasión de ver algunas industrias de esta capital, se me permitirá que hable de ellas.
Hace años que conozco alguno de los oradores que se llaman economistas, por haber leído en los periódicos, única clase de lectura a que he podido dedicarme un poco, los nombres y sus aplausos. Conozco los nombres de los Sres. Alcalá Galiano, González Brabo y Pastor, y cito a esas tres personas (sin querer por esto decir que no conozca a los demás oradores de esa escuela), porque como Ministros han desempeñado los primeros destinos de la administración del Estado. Al leer yo los aplausos que obtenían los oradores de esa escuela, preguntaba a algunos amigos que habían estado aquí: «Pues qué, ¿no habrá en Madrid obreros? ¿Serán todos meros consumidores?» Y me contestaron que efectivamente en Madrid’, aparte de la clase media, que tiene establecimientos mercantiles, y de la nobleza, no hay más que empleados, y otros... que van tras los empleos; pero después me he convencido con mis propios ojos de que esto no es exacto. A los pocos días de llegar a Madrid recibí una invitación para asistir a una reunión de obreros; esa reunión se verificó en la Universidad, y tuve el gusto de asistir a ella. No conociendo a ninguno, me vi en la necesidad de dirigirme a la presidencia para presentarme, toda vez que había sido invitado por el señor Presidente; pero no pude conseguirlo sino a duras penas, porque se hallaba el salón lleno de obreros. Con este motivo tuve el gusto de oír los discursos de los obreros en favor de las asociaciones cooperativas, que era el objeto de la reunión. Respecto a esta clase de asociaciones creemos los obreros que ellas representan la única forma de que podamos mejorar nuestra posición. Pero una vez establecido el librecambio, creemos también que no podrán tener vida alguna, porque de la misma manera que la asociación es un elemento para la instrucción del obrero, la asociación cooperativa es un elemento para llegar a conseguir la mejora de su posición; y sin la protección al trabajo es imposible que progresen las asociaciones cooperativas.
No he visitado aquí talleres de tejidos e hilados porque tengo entendido que no hay en Madrid establecimientos industriales de este género; pero entre otros establecimientos que he visitado, se me permitirá citar un taller de calzado en que hay 60 obreros en una sala y una porción de mujeres en otro departamento: ese taller se halla en el barrio de Pozas
También he tenido el gusto de ver una fundición de hierro situada en la carretera de Francia, en donde había mas de cien obreros. Respecto a esta industria debo manifestar que por cierto no es de las mas favorecidas por las leyes en beneficio del obrero; y digo esto, porque tengo muchos amigos en Barcelona donde hay grandes fundiciones de hierro, en las cuales, desde mucho tiempo, antes de la revolución de Setiembre, no se trabaja mas que la mitad de la semana, porque en lugar de estar favorecido el hierro en bruto, casi no paga derecho, el hierro elaborado; de suerte que la mano de obra está verdaderamente perjudicada.
He visitado también aquí un taller de construcción de coches en el paseo del Cisne; y esta industria, a mi modo de ver, podría ocupar muchos obreros en Madrid si fuere protegida en todas las artes que componen. Digo que podría ocupar infinidad de obreros, porque lo que mas me ha llamado la atención en Madrid ha sido el inmenso número de carruajes que vi un domingo por la tarde en la Fuente Castellana, donde seguramente no estarían todos; al menos faltaría el de la señora... Isabel.
En la enmienda que ha defendido el Sr. Balaguer respecto a los artículos de lujo, comprendo que deben considerarse como tales todos los artículos finos de mas coste en toda clase de industrias. Por ejemplo: en mi oficio he tejido yo, hace algunos años, uno de los de mas lujo por lo caro: ese artículo era chalequería de terciopelo tejido a la Jacquard; y por cierto que recuerdo haber tejido ese artículo en casa de un pariente del Sr. Ministro de Hacienda. Ese articulo ha muerto hace muchos años, y en él los obreros para ganar un buen jornal no necesitaban hacer mas que tres palmos de género; por esto se comprenderá que había de ser muy cara la mano de obra. En esta clase de artículos es donde indudablemente como el coste es crecido el obrero que tenga práctica e inteligencia en su elaboración puede ganar más.
Tal como ha presentado su enmienda el Sr. Balaguer me parece que debieran votarla todos los señores librecambistas, tanto monárquicos como republicanos; y por cierto que hay bastantes en estos bancos: naturalmente creo que el votar en este sentido no puede causarles ningún perjuicio, porque si bien es verdad que han de comprar un género que ha de ser caro, esto no podrá empeorar su posición, y en cambio favorecerán a los obreros, que podrán trabajar y sostener sus obligaciones con mas desahogo, puesto que son artículos de tal naturaleza que los obreros pueden ganar en su fabricación mejores jornales que en los ordinarios.
Esto que pido a los señores de la comisión se lo ruego al mismo tiempo a todos los Sres. Diputados; pero principalmente al Sr. Presidente del Consejo de Ministros y al Sr. Ministro de Marina, de cuyo amor al ejército, como militares que son, nadie puede dudar y sabido es que el ejército no se compone de curas ni de empleados; se compone de obreros del taller y del campo que, una vez concluido el servicio militar, vuelven al campo y al taller. Creo, pues, que si alguna clase es digna de protección es aquella a la cual, aunque humilde, me honro mucho de pertenecer. Por consiguiente, la protección de esos artículos en mi sentir es uno de los medios de que los obreros podarnos vivir mejor; y hay que pensar en él antes que en hacer reformas librecambistas. Recuérdese que siempre que ha habido en España reformas librecambistas (aunque yo no puedo hablar mas que de mi provincia), esas reformas han causado males sin cuento en la que tengo la honra de representar. He dicho.

Després de diverses intervencions va tornar a parlar Pau Alsina dient:

Muy pocas palabras diré, y antes empezaré por dar las mas expresivas gracias a los señores Marqués de Sardoal y Ministro de Hacienda por las frases en extremo lisonjeras que han dirigido a mi persona y a la clase a que pertenezco, y para hacer también presente mi agradecimiento a los Sres. Diputados por la atención con que me han oído.
Ahora bien: ¿qué diferencia existe entre unos y otros? Los librecambistas creen que el libre cambio mejora la situación de los obreros; nosotros creemos lo contrario, y lo creernos porque la práctica nos lo ha enseñado así. Si algún día nos convencemos de que estábamos en un error, lo cuál dudo mucho que pueda acontecer, tal vez entonces suceda que seamos librecambistas; ínterin nosotros no podemos serlo.
En cuanto a los artículos de lujo diré que hay varios, como los coches, los caballos, las arañas, los relojes de sobremesa, los sillones de seda y oro, los bronces, los grandes espejos, los terciopelos, etc., etc., y sobre todo el Rey artículo de lujo único, cuya protección no deseamos.