Intervenció de Salvador Seguí
en el segon congrés confederal de la CNT
(congrés del Teatre de la Comèdia),
en el debat d’adhesió a la Tercera Internacional.
Madrid, 10-18 de desembre de 1919,

Compañeros: para nosotros el hecho ruso es una cosa sorprendente, es una cosa gigantesca que nosotros únicamente debemos admirar. Innegablemente, lo decía aquí de manera admirable el compañero Quintanilla, el hecho ruso, como todos los grandes hechos que registra la Historia, tiene sus defectos, todo y que también tiene sus grandes virtudes; pero el hecho ruso no ha de servir para señalar aquí filias y allá fobias, ni estas ni las otras tendencias; ha de servir, en nuestra humilde opinión, para sacar lecciones y consecuencias.

No, como lo decía admirablemente el compañero Quintanilla, el hecho ruso no es la realización de nuestros métodos, de nuestras prácticas, de nuestras doctrinas sindicalistas; no lo es y aquí, realmente, esta la necesidad de discutir entre nosotros, fuera de este Congreso, mejor que dentro, todo lo relativo al hecho ruso. Debemos sacar grandes enseñanzas, de este hecho.

Ha habido en Rusia una cosa que nosotros no querríamos que se produjese en España ni en ningún otro pueblo, y es una manifiesta incapacidad, una falta de preparación para la práctica del hecho o de la validación del sentido socialista en la producción. Eso es lo que ha hecho que, aparentemente, se entronizase una tiranía en Rusia, eso es lo que ha hecho que el triunfo definitivo de la revolución rusa no se dé ya por descontado.
No hablamos solamente del factor Rusia en cuanto al exterior. Sabemos sobradamente que todos los gobiernos capitalistas imposibilitarán su desarrollo y su expansión. Hablamos concretamente del hecho ruso en cuanto a su administración interna.
Si los españoles, si los portugueses, si los italianos, si los trabajadores del mundo, cuando llegue el momento de la posibilidad de la transformación del régimen capitalista en régimen socialista, en régimen comunista, tenemos nuestras organizaciones con el agilidad suficiente, con la preparación suficiente, con la capacidad necesaria para poder hacerse cargo de la producción; todas las cosas que se han devenido en Rusia, todas las incoherencias de Rusia, no se producirán.
Se ha preguntado -y aunque es una cosa amarga convengamos que tienen razón de decirlo-: qué ha ganado el campesino ruso después del traspaso de poderes de un régimen zarista a un régimen socialista? Hasta al momento hay que convenir que no ha ganado nada, y no ha ganado nada porque antes eran las hordas zaristas las que iban a arrebatarle el producto de su trabajo; ahora son los soldados del soviet los que también van a arrebatarle el producto de su esfuerzo.
¿Hay una perfecta organización industrial, hay una rudimentaria organización industrial por lo menos, porqué, a cambio del producto de la tierra que los campesinos proporcionan, se les den herramientas de trabajo y otras cosas necesarias para su sostenimiento y para su vida, para que el mismo campesino encontrase justificado el estado de traspaso de poderes que se había verificado? Hasta este momento -es doloroso confesarlo, pero hay que rendirse a la evidencia- el proletariado de Rusia, como el de algunos otros pueblos, no se ha percatado aún de la posibilidad de esta transformación, que estamos en el momento más culminante de la vida de la humanidad y que solo mediante esta preparación y esta capacidad industrial es posible que los campesinos nos den, a los hombres de ciudad, a los obreros de la industria y a los obreros de la inteligencia, aquello que nos haga falta.
De otra manera, si no tenemos esta capacidad, si a cambio de los productos de la tierra no proporcionamos al campesino zapatos, no les proporcionamos telas, no les proporcionamos casas confortables, no les proporcionamos las cosas producto de la inteligencia, deberemos apoderarnos, como se ha hecho en Rusia, por la fuerza, del producto del trabajo del campesino.
Este es el hecho de que hay que debatir, pero no es este el lugar más apropiado para discutirlo serenamente, ni tampoco tenemos tiempo. Lo discutiremos otro día. El hecho en si mismo comporta una gravedad extraordinaria. ¿ Qué pasaría en España, dada la rudimentaria organización industrial que poseemos, si ahora mismo todas las clases directoras, todos los poderes dirigentes de la sociedad española, vinculasen en nuestras manos la responsabilidad de garantizar la vida material de la colectividad española? Pasaría casi lo mismo que ha pasado en Rusia.
Por eso es necesario que los trabajadores de la industria, que los trabajadores del campo, que los trabajadores de la inteligencia, vean realmente este momento único en la historia del mundo que vivimos actualmente y vean también que hay que hacer todo el posible, por medio de la voluntad y de la inteligencia por superarnos a nosotros mismos, para prever, para tener, mejor dicho, resueltas todas estas cosas que, en momentos determinados, podrían ser la garantía del traspaso del poder del capitalismo al proletariado.

Creemos, nosotros, que no es el Estado, que no son los partidos políticos socialistas, los que deben disponer, los que deben determinar el funcionamiento del nuevo estado de cosas. Este ha sido el error inicial en Rusia, este ha sido el error inicial en Alemania, y este será el error inicial de todos aquellos pueblos que sigan el mismo procedimiento. Son las organizaciones sindicales las que tienen en ellas mismas, en realidad, el hecho de su profesión respectiva, las quien deben responder, las que deben tener la responsabilidad delante de la colectividad de garantizar aquellos productos indispensables para el sostenimiento de la propia colectividad, pero no los partidos socialistas. Es más, perpetuar, alimentar el hecho de que los partidos socialistas tengan la misma estructura burguesa y deban responder y vayan actuando para hacer prácticas de socialismo, no solamente es ineficaz, sino que nosotros no vacilamos en afirmar rotundamente que es contraproducente, que es perturbador para las mismas prácticas del socialismo.
Se cierto que a cada pueblo según el estado de conciencia a colectiva, según el estado de preparación industrial, según el estado de educación propia, seguramente que este traspaso de poder de la burguesía al proletariado tendrá sus fisonomías, tendrá sus características propias. No puede aceptarse, porqué la realidad lo desmentiría, que aquel mismo hecho vaya a producirse en iguales circunstancias y forma idéntica a todo el mundo. Eso la realidad nos demostrará que no es verdad. Es posible que en Inglaterra, el traspaso de poder, cuando se realice, sea más perfecto que en cualquier otro pueblo del mundo, más perfecto incluso que en Alemania, porqué si bien Alemania tenía muy desarrollado el sentimiento de disciplina, en cambio no tenía desarrollado, tenía atrofiado, mejor dicho, el sentimiento de la personalidad del hombre. He aquí el cumplimiento, he aquí el equilibrio, este equilibrio tan indispensable en la vida del hombre y en la vida de los pueblos.
Por eso, como que el hecho cuando se produzca en realidad no se verificará en todas partes de la misma forma, hay que hacer los posibles porqué aquellos que convengamos, porqué aquellos que coincidimos en un punto determinado, vayamos trabajando para que este hecho tenga la mayor extensión posible.

Somos partidarios, no en teoría porqué somos contrarios, pero por necesidad de la realidad, somos partidarios de entrar en la Tercera Internacional, y somos partidarios de entrar en la Tercera Internacional porqué eso avalará nuestra conducta en la llamada que la Confederación Nacional de Trabajo en España hará a las organizaciones sindicales del mundo para constituir la verdadera, la única, la genuina Internacional de los trabajadores.
Por otra parte no podemos estar alejados de los compañeros, de los trabajadores del resto del mundo. El abstencionismo llevaría consecuencias que nosotros no podemos prever, pero que serían muy dolorosas. Pero es más; para nadie es ningún secreto que el rey de España en su último viaje a Londres y a París, principalmente, ha convenido con la política de la Entente, con el vesánico político Clemenceau, que a cambio...
(En aquest punt intervingué el delegat de l’autoritat dient: El orador no puede continuar por ese camino -protestes).
El President de la Mesa, digué: El compañero está haciendo una relación pública, que se ha hecho en todos los diarios del mundo, y no sé por qué se ha de prohibir al orador que diga aquello que se ha permitido decir en la prensa de todo el mundo. De toda manera, ruego al compañero Seguí que continúe sin aludir ningún personalidad.
(Nota: el president de la Mesa Galo Díez del País Basc).

Seguí va continuar dient:
El ruego es innecesario.
Se ha convenido últimamente que, a cambio de la solución del problema de Tánger por la política española, España se comprometía, no solo a llevar a Rusia pertrechos de guerra, sino que, incluso, Ia alta representación del Estado se comprometió a llevar hombres a Rusia para luchar contra los revolucionarios de aquel país.
Por eso el procedimiento más adecuado, a nuestro humilde parecer, que ha de observar la organización obrera de España no es bloquear o boicotear los productos de la Entente, y no por las razones que exponía el compañero Quintanilla, las cuales no comparto, porqué España, excepto en dos o tres aspectos de la producción de sus materias primas, no necesita hoy día nada del extranjero; no por esta razón, que yo no comparto, sino más bien porque sería innecesario, porqué eso no podría ni tan solo practicarse. En cambio, es necesario que templemos nuestros espíritus y nuestras almas para cuando llegue el momento que los hijos del pueblo, que nuestros hermanos vayan a la África y de allí a Rusia.
Comenzad ya, trabajadores de España, a templar vuestras almas y a templar vuestras armas para levantarnos dignamente, para levantarnos todos absolutamente en un grito de santa rebeldía y hacer, y producir y provocar la revolución en España!
Nada más, el tiempo no nos permite ninguna otra cosa. Sostenemos que hay que incorporarnos a la Tercera Internacional circunstancialmente y que después la Confederación española convoque todas las organizaciones sindicales del mundo para organizar, definitivamente, la verdadera Internacional de los trabajadores.