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Discurs de Salvador Seguí
pronunciat en l’acte de clausura
del
Congrés de Sants.
Barcelona, 1 de juliol de 1918
Compañeros: Os agradeceré un poco de silencio, lo que espero
de vuestra benevolencia, porque mis condiciones físicas no permitirán,
tal vez, que llegue mi voz a todos vosotros y harán que en este
acto no me extienda en demasiadas consideraciones. Así, pues, seré
muy breve; de ello doy promesa.
El Congreso que tiene su coronación en este acto, lo han dicho
todos los que me han precedido en el uso de la palabra y yo lo repito,
es de una importancia capitalísima. Lo es porque cuando creía
la burguesía catalana que la Confederación Regional había
recibido un golpe de muerte; que nuestras energías se habían
agotado y nuestros métodos se habían declarado en quiebra,
nos levantamos más fuertes que nunca, y con una potencia y una
capacidad superiores conquistamos nuestras posiciones. Es mirando las
luchas pasadas que se creía que el proletariado quedaría
anémico, que no podría hacer más que una vida vegetativa,
y que tendríamos que conformarnos con lo que se nos diera como
una limosna.
El Congreso ha demostrado que los trabajadores de Cataluña no solamente
sabrán desquitarse de los procedimientos con ellos empleados; ha
demostrado también que nos han sobrado energías para ocuparnos
de las cosas presentes y para discutir y preparar las cosas del porvenir.
El hecho anormal, la locura desencadenada de formas gigantescas que se
ha producido en el mundo, ha despertado las conciencias y ha hecho ver
la necesidad de preparamos para las luchas del porvenir. Los problemas
que han de plantearse después de la universal matanza, no los resolverán
los gobiernos capitalistas, porque ya la conciencia de los trabajadores
no permite que se les engañe. No podrán resolverlo, porque
el problema es de tan difícil solución que tal vez nosotros,
en este momento, tampoco podríamos resolverlo si nos exigieran
la responsabilidad de ello.
No hay posibilidad humana de hacerlo segura y matemáticamente.
Es muy hondo. No es una solución lo que hacen los ingleses; no
lo resuelve el vincular la riqueza en el Estado sino que hay que entregarla
al pueblo que es el elemento creador de dicha riqueza. Lloyd George, a
quien consideramos como el tipo representativo del nuevo sistema capitalista,
que tiende a vincular la riqueza en el Estado, sufre una gran equivocación.
Las 600.000 casas que se construyen en Inglaterra para entregarlas a los
obreros después de la guerra, ya es hoy una solución mezquina.
Lloyd George, en quien reconocemos, aunque sea nuestro adversario, una
gran capacidad, fracasará. No se contentará con chozas quien
ha ofrecido su vida; querrá la justicia y la libertad completas;
rechazará la tutela del Estado. La guerra se prolonga porque la
burguesía no encuentra una fórmula para terminarla. Y esto
sucede lo mismo en Alemania y Austria, que en Francia, Italia e Inglaterra.
Aceptemos la posibilidad de que sea cierta la expresión de Wilson
cuando dice que los aliados encarnan la justicia; pero esta justicia y
esta libertad no son la justicia y la libertad nuestras; no son la justicia
y la libertad de los compañeros de los Estados Unidos y de los
trabajadores del mundo entero.
La trascendencia del Congreso radica en que nos da la posibilidad de llevar
a nuestras organizaciones el máximum de su potencia. Para ello
no tenemos más que poner en práctica las pautas de. organización
que él nos ha trazado. Cuando termine la guerra, cuando las cuestiones
se resuelvan más bien por los dictados de la pasión que
por los consejos de cerebro, si no representamos una fuerza inmensa, si
no somos una agrupación potentísima por nuestra cohesión
y por nuestra capacidad, seremos juguetes de la burguesía.
Pero si nos superamos, si conquistamos nuestra capacidad y nos colocamos
en condiciones de actuar de un modo enérgico, de hacer frente a
todas las posibilidades de ataque, seremos respetados, atendidos y nos
impondremos.
Compañeros: pasando por encima de todo, procuremos que la organización
fuerte sea un hecho, para hacer frente a la burguesía catalana,
a la burguesía española, a la burguesía del mundo
todo.
¡Trabajadores de Barcelona que habéis sellado
con vuestro entusiasmo la labor del Congreso Regional; camaradas delegados,
que en representación de la Cataluña que piensa y trabaja
asististeis a las tareas del Congreso cuyo epílogo hacemos esta
noche aquí, yo en vuestro nombre saludo a todos los explotados
de la tierra, que, como nosotros, esperan el reino de la justicia y de
la libertad!
Han concluido las tareas del Congreso.
Ha terminado el acto.
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