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Fragment de l’article
publicat al Suplemento de la Revista Blanca, núm. 56, el 9 de juny
de 1900.
Bárbaras son la leyes escritas por los hombres, porque á
una condición y regla someten todos los seres humanos sin tener
en cuenta los diferentes temperamentos, educación, conocimiento,
atavismos, etc. Esas leyes, faltas de lógica en su base, son un
criadero de infamias e injusticias, originando en la sociedad inquietudes
sin cuento, de las cuales resulta un malestar general. Los anarquistas,
desligados de todo convencionalismo y prejuicio social, no aceptamos otras
leyes que las de natura, ya que ella, en su inmensa variedad, nos demuestra
la unidad más compacta. Pero las idas muertas tiene algún
tiempo dominio en el individuo y he ahi el por qué muchas veces
oigo averraciones como las siguientes: "Yo era anarquista; pero desde
el hecho del Liceo, dejé de serlo. Es anarquista el hombre de talento,
ó el que aspira á tenerle; el que empuña un puñal
ó un objeto destructor y atenta contra la vida de un prójimo,
no debe llamarse anarquista, porque la anarquía es el orden, es
la vida, y el que comete un acto que produce víctimas no puede
ni debe ser anarquista". Esos anarquistas que dejaron de serlo por
tal o cuál causa, y esos otros que han forjado un molde para que
de él salgan los anarquistas derechos y perfectos, me hacen mucha
gracia. Yo dejé de ser católica, no por las pillerías
de algunos curas ó gente católica sinó porque al
tener uso de razón comprendí que el catecismo católico
era muy inferior á mi moral y á mis aspiraciones y aunque
todos los católicos fueran buenos yo sería atea. Soy anarquista
porque no podría ser otra cosa mientras mi organismo funcione con
la regularidad que ha funcionado hasta hoy. Siento amor sin límites,
y la infame sociedad actual pone ante mi noble deseo una valla. Anhelo
el gozo, y sólo dolor me rodea. Deseo la vida, y la muerte con
su faz fría se presenta á mi vista. Lo bello, lo grande
me fascina, y por doquier veo fealdades, pequeñeces y miseria.
Amo el trabajo por ser fuente de vida, y los que trabajamos nos roe la
anemia, las escaseces nos agobian, el hospital es nuestra recompensa.
Creo posible una sociedad más justa, más bella, más
humana, que hemos dado por llamar la sociedad anarquista, ácrata
ó libertaria; y aunque todos los hombres que se titulan anarquistas
cometiesen mil crímenes á diario, continuaria yo llamándome
tal con noble orgullo, aun ante un tribunal á lo Marzo, muriendo
convencida de la pureza del ideal, convencida á la vez que los
crímenes perpetrados son resultado de la sociedad actual, porque
todos somos hijos del ambiente que nos rodea, y en una sociedad tan corruptora,
todo crimen tiene clara explicación y hasta su justificación.
VICTIMAS DEL CAPITAL
Fragment d’un article recollit
en el llibre
La mujer en la Lucha Social y en la Guerra Civil de España, de
Lola Iturbe.
Editores Mexicanos Unidos, S.A. México D.F., 1974.
En el Pont de Vilomara, en las inmediaciones de Manresa, la explosión
de una caldera de vapor ha sepultado un gran número de mujeres
y niñas y algunos hombres. Se sabe positivamente que la máquina
no reunía la seguridad que la ley exige y, además, al ser
detenido el maquinista confesó que la máquina estaba en
mal estado a consecuencia de la contínua presión, pues la
mayoría del tiempo trabajaba con más fuerza de la que su
potencia requería. El burgués estaba ya avisado del peligro....
Las víctimas son mujeres y niñas de cinco y seis años
y algunos hombres, y no sólo regatean las frases de la más
vil compasión sino que también ocultan las edades de esas
tiernas criaturas, que no más nacer, la fiera burguesa ya les chupaba
la sangre, la vida hermosa de la infancia. El número de víctimas
todavía no lo ha transmitido la prensa y hasta la llamada liberal,
ha escaseado los datos más sencillos. Luego esos mismos periódicos
dedicaron insulsos artículos al bello sexo, tiernas poesías
a la infancia. !Hipócritas! !Infames! ¿ Es que acaso la
mujer obrera no pertenece al mismo sexo que la mujer burguesa? ¿es
que acaso el niño que nace en humilde casa no sonríe con
la misma inocencia que el que nace en un palacio?
Ya lo ves, mujer proletaria, nuestros hijos no inspiran a nadie ningún
sentimiento noble. Nosotras, las mujeres obreras, no pertenecemos al sexo
débil,... Ya lo sabéis, obreras, en la sociedad actual existen
dos castas, dos razas: la de nosotras y nuestros compañeros y la
de esos zánganos con toda su corte. No tendremos pan, ni dicha,
ni vida, ni seguridad para nuestros seres queridos y para nosotras, hasta
que desaparezca del todo esa maldita raza de parásitos. !A trabajar,
pues, proletarias; nuestra dignidad y amor lo exige!
Article publicat a
El Sindicalista núm. 33 del 12 de juliol de 1913
A las mujeres del Arte Fabril
Todas las luchas que el proletariado se ve obligado a entablar contra
el explotador tienen gran importancia, hasta aquellas que por su índole
se duda de su éxito; pero ninguna de tal trascendencia como la
que se está preparando en estos momentos en Cataluña, y
creo yo que serán secundados por todos aquellos compañeros
pertenecientes al mismo arte de los diferentes pueblos donde existen fábricas
La huelga general de todos tos ramos del Arte Fabril ha de ser un hecho;
se hace necesario y vienen obligados a alentar y fortalecer este movimiento
los metalúrgicos y carpinteros, por conveniencia particular y corno
conveniencia general y por humanidad, todos los obreros en general.
Medio siglo hace que no ha habido ninguna modificación, favorable
para el obrero en la explotación de las fábricas; sin embargo,
durante este largo tiempo las condiciones de trabajo se han modificado
tanto a favor del explotador, que es hasta vergonzoso que los obreros
no se lancen a la lucha, ya que, dada la ambición de los burgueses
fabricantes habrá lucha encarnizada, pues si no fueran tan vampiros
y no estuvieran tan confiados de la desunión y falta de carácter
de sus explotados, habrían de ceder a la demanda, sin consentir
que se llegase a la huelga.
El adelanto de la maquinaria durante este medio siglo es asombroso. Yo,
que pasé los años de mi juventud entre los engranajes de
la fábrica, recuerdo los centenares de hombres que ganaban un regular
salario con una relativa libertad, y la mujer encontraba también
medio de ganar un jornal relativo al del hombre sin que peligrara su salud
tanto como hoy.
Las tejedoras y las hiladoras cobraban unos jornales que les permitían
comer algo bien y en los pueblos fabriles se notaba cierta satisfacción,
esa satisfacción que siente el obrero inconsciente cuando se gana
la vida. Pero vinieron las máquinas para una infinidad de trabajos,
que dejaron sin pan a muchos hogares, que en su casa se ganaban para vivir,
estos viejos (así los llamaban), se vieron obligados -a llevar
a la fábrica, para aprender en las nuevas máquinas, a sus
hijos y a sus hijas porque el nuevo y reluciente engranaje precisaba carne
tierna, cerebros frescos, músculos ágiles. El adelanto mecánico
no ha cesado, hasta el extremo de elaborar una mujer hoy muchas más
varas de tela que elaboraban cinco hombres, y éstos cada uno de
por sí, ganaba mucho más que gana ahora esa tejedora.
¿Cómo es posible que ese desequilibrio no haya producido
terribles trastornos entre la familia proletaria?
Nadie mejor que vosotras, compañeras mías, puede apreciar
ese aterrador desequilibrio. Os exigen un trabajo superior a vuestras
fuerzas y condición y, en cambio, de día en día han
ido mermando vuestro jornal y hasta los respetos que merecéis.
Vuestra vida, vuestros amores, todo, todo lo que os hace sublime, queda
triturado en ese reluciente engranaje que, duro y voraz, como el corazón
de su amo, pide siempre carne tierna, cerebros frescos, músculos
ágiles.
Y vosotras, amigas mías, al igual que aquellas esclavas de los
tiempos bárbaros que daban el calor de sus entrañas para
calentar los pies que el señor colocaba en su vientre abierto;
vosotras, dejáis vuestros pulmones entre el engranaje para que
el demócrata burgués de los tiempos modernos caliente sus
pies con las mullidas alfombras que tejéis.
No, no puede durar ya más tan vil y terrible pasividad. Tú,
mujer, que en alguna lucha parcial has demostrado que tienes corazón
para defender tus derechos, y puños para castigar a los traidores
y a esos mata-huelgas, espero que vuestro valioso concurso no
ha de faltar, que sabréis luchar como buenas y que demostraréis
ante el mundo que sabéis apreciar vuestra dignidad, querer vuestra
vida y amar a vuestros hijos.
¡Viva la unión! ¡Viva la lucha hasta vencer!
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