Federació d’Obrers Manufacturers.
Unió Manufacturera.

Exposició remesa a les Corts Constituents
de la Primera República

Barcelona, 5 de juliol de 1873

Ciudadanos representantes:

Cumpliendo con nuestro deber, con sumo gusto, este Consejo de la Unión de los Obreros Manufactureros -constituido por 40.000 obreros de ambos sexos de los ramos fabriles de la región española-, remite a las Cortes Constituyentes la presente esposición (sic) sobre las cuestiones sociales.
Nuestra triste situación de asalariados, de víctimas de los privilegios y de los monopolios del capital, nos obliga a buscar todos los medios, y a echar mano de ellos para sacudir un tanto el duro y pesado yugo que nos oprime.

La necesidad es, pues, la que guía nuestros pasos ella la que nos incita a hacer uso desde largo tiempo, y a pesar de todas las tiranías gubernamentales, de los ilegislables derechos de reunión y de asociación.

Por otra parte, las ciencias sociales han venido a darnos la razón, desmintiendo a muchos pretendidos sabios que, negando el socialismo, han negado lo que verdaderamente ha de regenerar a la humanidad entera.

Impulsados, pues, por la necesidad, apoyados por la ciencia, hace tiempo que luchamos; y no abandonaremos nuestra lucha, venga lo que venga, hasta ver realizada nuestra completa emancipación social; hasta que hayamos obtenido el planteamiento del reinado de la Verdad, la Justicia y la Moral sobre la tierra.

Nuestro amor al trabajo, nuestra educación intelectual tan limitada, es la que nos inspira a hablar siempre con tan ruda franqueza y claridad.

Sí, anhelamos la Emancipación económico-social; y vengan las reformas que vinieren, ellas cooperarán a este fin, si no son ilusorias; y si de nada sirvieran, no por esto amaríamos menos nuestra causa y tendríamos menos fe en ella.

Estamos persuadidos de que ha de llegar el reinado de la Justicia; y de que las sociedades han de estar basadas sobre más sólidas y equitativas bases que las actuales; asegurando a todos los individuos del género humano la igualdad de medios y condiciones para su completo desarrollo.

Por más que algunos crean lejos este resultado; siempre uno de los pasos más importantes del Progreso, una de las etapas más gloriosas de la Revolución, ha de venir, ha de llegar, vendrá, llegará de una manera más o menos pacífica, según sean los obstáculos que las clases poseedoras opongan a su advenimiento.

Declarando, pues, como declaramos, que nuestras aspiraciones no se satisfacen con vanas promesas, porque el mal es grave y profundo, y necesita remedios heroicos y radicalísimos; afirmando, como afirmamos, que, nuestro deseo, nuestra aspiración es la Redención social del proletariado por la desaparición de las instituciones no conformes con la Igualdad y la Justicia; creemos, no obstante, llegado el momento de que se implanten, hoy por hoy, las siguientes reformas sociales.

I. OCHO HORAS de trabajo, siendo el tipo máximum, para todos los trabajadores, a fin de que no nos hagamos una competencia anti-fraternal los unos a los otros. Este tipo es el proclamado por las clases obreras de diversos países y el aprobado unánimemente por el quinto Congreso de la Unión Manufacturera, celebrado en Barcelona los días 1 y 2 del mes de junio. Está mucho más conforme con la higiene, que los que hoy rigen. ¿Qué oposición puede encontrar el tipo de ocho horas de trabajo; quedando por consiguiente ocho para el descanso, y otras ocho para el recreo y la instrucción? Esta reforma, por si sola, perfeccionará y desarrollará extraordinariamente los productos de la industria y del trabajo en general.

Los jóvenes de doce a catorce años, no trabajarán más de cuatro horas diarias.

II. Enseñanza gratuita y obligatoria y laica, cuyo planteamiento, para mayor garantía de esta misma enseñanza, debe hacerse de modo que los niños de ambos sexos, hasta la edad de doce años, reciban, en establecimientos apropiados para el caso, no sólo la instrucción, sino también la alimentación; para que la condición de ser pobre no impida jamás que los trabajos (sic) puedan adquirir el mismo desarrollo intelectual que los ricos. A fin de que esto no constituya un privilegio para los más necesitados, puédese establecer de modo que sean libres los padres y los hijos de aprovecharse o no de la alimentación y cuidados que se den en esas Escuelas modelos.

Esta es una medida precisa y equitativa para que el tener abundante familia no sea impedimento para recibir el cuidado y el desarrollo debidos. Un padre, por ejemplo, con numerosos hijos, no podría, por muchísimo que trabajase, sostenerlos y alimentarlos; y la sociedad no puede imponer lo que no es posible, ni consentir el sacrificio de esos padres, ni el menor perjuicio, a los que, puestos a la tierra para llegar a ser miembros útiles a la colectividad, y por naturaleza, tienen derecho, como todos a la vida, a la instrucción, al trabajo, a la asistencia... origen de los respectivos deberes de vivir, de instruirse, de trabajar, de asistir a sus hermanos... Este es un principio irrefutable de Solidaridad humana y social.

Creemos igualmente necesaria la creación de Escuelas gratuitas profesionales o industriales, que pudiéramos llamar de segunda enseñanza del obrero, establecidas de común acuerdo con las corporaciones obreras de los oficios, y en cada población, en las cuales se enseñaría la teoría y la práctica de cada arte u oficio, etc.

III. Prohibición de todo trabajo de los niños menores de doce años; puesto que hasta esa edad deben dedicarse a desarrollar su capacidad intelectual y sus facultades físicas, si quieren estar en condiciones útiles para ingresar en un trabajo cualquiera.

IV. Igualdad en el precio del trabajo de la mujer con el del hombre. Por igual trabajo, igual valor, esto es lo que encontramos más justo. Reconocemos en la mujer, como en el hombre la libertad de trabajar cómo, cuando y en lo que más sea de su agrado.

V. Higiene de los talleres. Todos los talleres y fábricas deben estar construidos conforme con los principios de la ciencia de la salud; y, por lo tanto, deben desaparecer los que no llenan los requisitos higiénicos. La falta de higiene en los establecimientos donde trabajamos y la miseria, producen más víctimas que todas las guerras y revoluciones.

VI. Crédito al trabajo. El establecimiento del crédito, gratuito a las sociedades obreras, facilitará asombrosamente, siempre que no se haga de modo que constituya nuevos privilegios, el bienestar del obrero y el desarrollo de la industria.

VII. Inquilinatos, arrendamientos, etc. Para que la propiedad de las casas y de todo lo arrendable no goce del monstruoso privilegio de que hoy goza, creemos que, por de pronto, debe reducirse el precio de los alquileres, arrendamientos, etc., a la mitad del valor que actualmente tienen; y que además debe arbitrarse todo lo necesario para que vaya desapareciendo el privilegio absurdo e inmoral de la renta.

VIII. Asistencia. Establecimiento de casas-modelo para el socorro de los inválidos, fundadas conforme a los principios de solidaridad y fraternidad humanas y de ningún modo sobre los raquíticos principios del fanatismo.

IX. Jornal mínimo. Creemos que quien trabaja tiene derecho cuando menos a percibir doce reales diarios, como mínimum, para atender a sus necesidades.

El jornal mínimo de los jóvenes de doce a catorce años que trabajen cuatro horas será de seis reales cada día.

X. Jurados mixtos. Con facultades para resolver las diferencias entre fabricantes y obreros, constituidos de modo que no sean un escollo para el progreso y para el bienestar del trabajador.

XI. Establecimientos de recreo y para la conservación de la salud. Creación en todas las poblaciones de públicos paseos, jardines, gimnasios, baños, lavaderos, etc.

XII. Mercados populares. Establecidos por los municipios donde el obrero pueda tomar víveres al mismo precio que costarían si los comprasen al por mayor.

XIII. Fomento de los intereses materiales. Deseamos gran desarrollo en las obras de Interés general, como canales, vías de comunicación, correos, telégrafos, ferrocarriles, minas de todas clases; hasta lograr que lo que son servicios públicos se hagan al precio más mínimo posible y, en general, todos los intereses colectivos produzcan los resultados apetecibles.

XIV. Trabajos en los presidios, hospicios, casas llamadas de caridad y de beneficencia, etc. Interín la sociedad esté tan mal organizada como hoy, que parece sean necesarios los establecimientos penitenciarios, correccionales y de asilo, pedimos que las labores que en ellos se hagan, sean retribuidas a igual precio que el trabajo llamado libre, para evitar la competencia y los demás inconvenientes que irrogan.

El planteamiento de estas reformas es para nosotros una cuestión urgente, que no creemos desatenderán los ciudadanos representantes en las Cortes Constituyentes de la República española.

No se debe mirar lo que han hecho los demás países sencillamente para imitarlo, sino para mejorarlo y perfeccionarlo. La lógica de los hechos impulsa a España a estar de frente en el terreno de la revolución económica; y mucho más en el instante en que acaba de consolidarse la revolución política.

Reconocemos que algunas de las reformas que citamos pertenecen sobre todo a la iniciativa y a las facultades de los pueblos mismos. Reconózcase, pues, la verdadera Autonomía del Municipio cuanto antes, para recorrer con más velocidad el terreno del progreso y de las reformas sociales que proponemos, que se verán más garantidas (sic) cuanto mayor y más completa sea la autonomía municipal.

Las reformas sobre el crédito al trabajo y la de los alquileres o renta, que tenemos el gusto de proponer, practicadas en sentido general, estenso (sic) y equitativo, resuelven en nuestro concepto por sí solas las cuestiones sociales, sin embargo de que todas las reformas que proponemos son de trascendencia, y esperamos que merecerán la aprobación decidida y entusiasta de los diputados de las diversas poblaciones de España.

Nuestro deseo es ver cuanto antes establecido, en toda su pureza el Federalismo y los principios democráticos; seguros de que ellos, implantados sin mistificación alguna, pueden realizar la gloria y el bienestar de la presente generación y la dicha y la paz completa de las generaciones futuras.

¡Viva la Democracia! ¡Viva la Federación! ¡Viva la Autonomía del Municipio! ¡Viva la Emancipación social del proletariado!

Gràcia 5 de julio de 1873.

El Consejo de la Unión,
Tomás ValIs.- Pedro Montañá.- José Vicens.- Antonio Ochando.- Mauricio Roca.- Francisco Abayá.


Per més informació sobre la Unió Manufacturera consultar:
Miquel Izard. Entre la Impotencia y la Esperanza: La Unión Manufacturera (7-V-1872 a 4-VIII-1873). Dins de Estudios de Historia Social núm. 4, año 1978 Enero - Marzo.
Miquel Izard. Revolució Industrial i Obrerisme. Les “Tres Classes de Vapor” a Catalunya (1869 - 1913). Edicions Ariel. Barcelona, 1970.
Josep Termes. Anarquismo y sindicalismo en España. La Primera Internacional (1864 - 1881). Editorial Critica. Barcelona, 2000.